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jueves, 23 de junio de 2011

El Guijo, su histora.

 De la Edad Prehistoria, podemos testimoniar la existencia de algunos guijarros trabajados, procedentes de Majadaiglesia, la presencia de grupos humanos en este sector del término municipal de El Guijo en época muy remota, concretamente desde el Paleolítico Inferior, etapa a la que han sido adjudicadas las citadas pieza
En las excavaciones arqueológicas que se efectuaron en la ermita de la Virgen de las Cruces se localizaron, en los niveles inferiores, algunas hachas pulidas, piezas de silex y varios fragmentos de cerámica hecha a mano que demuestran la ocupación de esta zona ya en época prehistórica, muy posiblemente desde el Calcolítico hasta la Edad del Bronce.
Desgraciadamente, poco es lo que podemos decir acerca de las restantes culturas de la Prehistoria, puesto que sólo contamos con hallazgos sueltos de hachas pulimentadas, adjudicables al Calcolítico y la Edad del Bronce, procedentes de diversos puntos del término, que poco o nada aportan para el conocimiento puntual de la Prehistoria.
De la Edad Antigua, según testimonios conservados, la zona de los Pedroches fue ocupada por dos ciudades hispano-romanas, Baedro y Solia. Ninguna de las dos ha sido ubicada con exactitud, pero se puede confirmar que Baedro ocuparía el sector occidental y Solia el oriental. La localidad de El Guijo y, más concretamente, el yacimiento de Majadaiglesia, es el lugar donde las tendencias actuales ubican a la ciudad de Solia, cuyo territorio se extendería hacia el norte, ocupando el término de Santa Eufemia, donde se ha encontrado una lápida funeraria que hace alusión a una mujer soléense, y hacia el sur, donde , en las proximidades de Villanueva de Córdoba, en el pozo de las Vacas, apareció un trifinium (mojón límite entre tres ciudades), que marcaba las fronteras entre Solia, Epora (Montoro) y Sacili (término municipal de Pedro Abad).
El santuario de Nuestra Señora de las Cruces continúa su actividad en el periodo ibérico, desarrollándose en época romana el cerro de Majadaiglesia, donde las señales de habitación son bastantes importantes para los siglos II-IV d. C. En él se han encontrado restos de fortificaciones, viviendas, necrópolis, hallazgos escultóricos, lucernas, monedas… que nos muestran que la zona tuvo una continuidad de hábitat en época romana.
La epigrafía destaca a la familia de los Porcii, que centraría sus actividades económicas en la zona. De todas formas, la mayoría de las inscripciones halladas son funerarias o están muy deterioradas, por lo que no permiten conocer muchos aspectos de su vida administrativa. (El documento más importante, el trifinium de Villanueva de Córdoba, lo trataremos en detalle en esta localidad).
El hallazgo de un ara anepigráfica nos indica la presencia posible de un lugar sagrado, que podría conectarse con un baptisterio conservado en la ermita de las Cruces y con el desarrollo del cristianismo, confirmando a principios del siglo IV con la presencia de un presbítero soléense en el concilio de Iliberri.
La posición del yacimiento de Majadaiglesia, en medio de las dos principales vía romanas que atraviesan el territorio, con las que estaría conectado, es, junto a los restos arqueológicos comentados, el mejor argumento para ubicar en este lugar a la antigua Solia, descartando anteriores teorías que la localizaban en Dos Torres, Pedroche, Villanueva de Córdoba, e, incluso Benalcázar
Ya en la Edad Media, la primera mención que poseemos sobre el Guijo se remonta al siglo XII y se refiere a la delimitaciones de los términos jurisdiccionales que pertenecían en ola zona a la orden de Calatrava, efectuada por Alfonso VIII el 22 de septiembre de 1189; como uno de los mojones de dichos términos aparece “la cabeza del Guijo, que es sobre el villar de Santa María, en la parte extrema del encimar del Pedroche”. Y en un pleito del concejo de Córdoba con la misma orden, fechado el 20 de junio de 1255, se vuelve a mencionar “junto al villar de Santa Eufemia”
Como quiera que en ambos documentos no se cita más población que el llamado villar de Santa María (que posiblemente se pueda identificar con el yacimiento de Majadaiglesia, habitado quizá  durante la Alta Edad Media), cabe suponer que el topónimo Guijo designara entonces tan sólo un accidente geográfico, y que fuese en el curso del siglo XII cuando, por despoblarse quizá el citado villar, apareciera el núcleo habitacional que desde entonces ha mantenido el nombre de El Guijo.
Sea de una u otra forma, lo cierto es que a finales del siglo XIII, cuando Sancho IV estableció en la zona uno de los mas antiguos señoríos cordobeses, mediante concesión al alcalde mayor de la ciudad, Fernando Díaz Carrillo, de la villa y castillo de Santa Eufemia el 9 de junio de 1293, se incluían ya en sus términos las casas de don Adán (El Viso), Torremilano (Dos Torres) y El Guijo, calificado entonces como “lugar”.
Desde ese momento, su población se integró en el señorío de Santa Eufemia, a cuya evolución quedó ligada durante los siglos XIV y XV. Por ello, tras Fernando Díaz y su hijo Gómez Fernández durante la primera mitad del siglo XIV, fueron señores de El Guijo a lo largo del siglo XV Pedro Carrillo y sus sucesores, los Gózalo Mejía I, II y III, el primero de los cuales había accedido al señorío mediante matrimonio con Teresa Carrillo, hija del citado Pedro y heredera de los señoríos de su padre al no existir descendencia masculina..
Durante la Edad Moderna, El Guijo fue una de las villas que integraron el antiguo condado de Santa Eufemia. Su importancia radicó en que su puerto fue el lugar donde se cobró durante siglos el derecho de pasto a los ganados trashumantes que entraban en obispado de Córdoba. Este tributo no o había enajenado la corona a favor de los condes de Santa Eufemia, sino a favor de la ciudad de Córdoba, a la que rentaba anualmente 22.143 reales de vellón.
Su población fue siempre reducida y alcanzó su cota máxima en la Edad moderna en 1530, cuando contaba con 110 vecinos.
La agricultura y la ganadería constituyeron la base de su economía en este período, ocupándose en ella el 91,3% de su población activa. Era una agricultura tradicional y autárquica, que dedicaba al cultivo de cereales 1.547 fanegas de las 2.496 que componían su término; 79l2 se dedicaban a pastos y 25 a viñas, mientras lque las restantes eran improductivas.
Sus bienes de propios se componían, entre otros, de dos ejidos, la dehesa boyal de la Lagunilla y las piezas de tierra del Castillejo, Tierras de Carrillo, El Turruñuelo, Los Arenales, y El Cordel. Todos estos bienes producían anualmente 5.328 reales de vellón. A los propios de la villa de El Guijo también pertenecían, por la concordia de 1.631, la cuarta parte de la bellota de la dehesa de Cañadallana, que producía anualmente 3.397 reales de vellón.
Los cargos de justicia y los oficios del ayuntamiento habían sido enajenados por la corona a favor de los condes de Santa Eufemia, quienes elegían, entre otros cargos, dos alcaldes ordinarios y dos regidores, que estaban supeditados a la autoridad del alcalde mayor del condado, que residía en Torrefranca.

Son pocos los datos de que disponemos sobre El Guijo para el periodo contemporáneo, en  el que la encontramos integrada en el partido judicial de Pozoblanco. Ramírez y de las Casas-Deza sólo nos refiere la reedificación de su campanario en 1804 y la construcción del cementerio en 1828.
Para el siglo XX disponemos de las referencias que nos proporciona Juan Díaz del Moral. Así en 1918 se constituyó la Sociedad Obrera Gremial Unión Proletaria, con reglamento de inspiración sindicalista..

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